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LA TURBA DE LOS FILÓSOFOS
O LA ASAMBLEA DE LOS DISCÍPULOS

DE PITÁGORAS LLAMADO
EL CÓDIGO DE LA VERDAD




Arisleus dijo: Yo os digo que nuestro maestro
Pitágoras es el pie de los Profetas y la cabeza de los
Sabios y que ha recibido tantos dones de Dios y de la
sabiduría que ninguna otra persona, después de
Hermes, no ha recibido tantos como él. Es así que
quiso reunir a sus discípulos, que habían sido
enviados por todas las regiones y provincias, para que
tratasen acerca de este precioso Arte, con objeto de
que su palabra sirviera de regulación a cuantos
deberían venir después de ellos.

Y mandó que Iximedrus hablase el primero, porque
era de muy buen consejo, el cual dijo: Todas las
cosas tienen un comienzo y una naturaleza que por sí
misma es suficiente, sin menester ayuda de ninguna
otra naturaleza, para multiplicarse infinitamente, pues
de otro modo todo se echaría a perder y quedaría
corrompido.

La Turba dijo: Maestro, si tú empiezas nosotros
seguiremos tus palabras, y Pitágoras dijo: Sabed,
todos cuantos buscáis este Arte, que la verdadera
tintura jamás se puede hacer sino es a partir de
nuestra Piedra roja, y para que no echéis a perder
vuestras almas, ni vuestro dinero y para que no
sobrevenga tristeza a vuestros corazones, yo os
aseguro, y recibidlo de mí como maestro vuestro que
soy, que si no transformais esta piedra roja en color
blanco y si luego no la tornais roja de nuevo, si no
hacéis de esta forma tintura de tintura, no
conseguiréis nada. Ea pues, coced esta piedra,
rompedla, quitadle su negrura por medio del
cocimiento, lavadla hasta aue sea blanca y después
corregidla como se debe.

Arisleus dijo: La llave de esta obra es el arte de
blanquear. Por tanto, tomad ese cuerpo que os he
mostrado y que nuestro maestro ha dicho y haced con
él sutiles tabletas; las colocaréis en el agua de nuestra
marina, cuya agua es permanente y dejad que nuestro
cuerpo sea gobernado por ella; después lo pondréis
todo a fuego lento hasta que las tabletas se rompan y
sean reducidas a agua. Mezclad y coced
continuamente a fuego ligero hasta que sea hecho un
caldo pimentoso. Cocedlo y transformadlo dentro de
su propia agua hasta que quede congelado y os haga
entornar los ojos como hacen aquellas flores que
llamamos flores del Sol. Lo coceréis hasta que lo
negro desaparezca completamente y aparezca la
blancura; después lo deberéis gobernar y cocer
juntamente con la goma del oro, mezclándolo todo

por medio del fuego y sin tocar nada, hasta que todo
quede transformado de color rojo.

Y tened paciencia, no os fatiguéis: imbibidlo con el
agua que ha surgido del cuerpo, agua que es
permanente, hasta que se torne de color rojo. Esto es
el bronce quemado, flor y levadura del oro, que
deberá ser cocida con el agua permanente que
siempre le acompaña. Digerid y coced hasta que
quede desecado. Haced esto continuamente hasta que
no quede más humedad, hasta que el conjunto se
convierta en un polvo muy sutil.

Parménides dijo: Sabed que los envidiosos han
hablado de muy diversas maneras: han hablado de
aguas, de caldos, de piedras y de metales para
confundir a quienes buscáis esta ciencia secreta.
Dejad todas esas cosas y haced rojo lo blanco.

En primer lugar debéis saber y entender qué significa
que plomo y estaño vayan uno detrás del otro. Y
tomad nota: si no tomáis las naturalezas, si no
conjuntáis los parientes con sus parientes más
cercanos, aquellos que tienen su misma sangre, no
conseguiréis nada. Las naturalezas se persiguen y se
encuentran, se corrompen y se engendran la una a la
otra, pues la naturaleza gobierna la naturaleza, la
destruye, la pulveriza, la reduce a nada, para después
poder renovarla y engendrarla muchas veces.

Estudiad y leed a fin de conocer la verdad: qué es
aquello que corrompe la naturaleza y la renueva, qué
cosas son esas y de qué modo se aman
recíprocamente, cómo después de su amor adviene la
enemistad y la corrupción y cómo se abrazan
estrechamente hasta quedar unificadas. Cuando
conozcáis estas cosas, poned manos a la obra dentro
de este Arte, pero si las ignoráis, no os acerquéis a
esta Obra divina pues la desdicha, la. desesperanza y
la tristeza os estarán reservadas.

Escuchad las palabras de los sabios y cómo han
abarcan toda la Obra en las siguientes palabras,
diciendo: la Naturaleza se regocija en la Naturaleza,
la Naturaleza supera la Naturaleza y la Naturaleza
contiene la Naturaleza. En estas palabras está
contenida toda la Obra. Por tanto, dejad todas las
cosas superfluas y tomad e1 agua viva, congeladla en
su cuerpo y en su azufre que no quema y haced con
ello naturaleza blanca, operando así todo se tornará
blanco; y si todavía cocéis más se tornará rojo y el

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tanto ¿Cómo pretendéis tener el fruto de este Arte en
un tiempo tan escaso?

Esto os lo digo para que luego no nos maldigáis, que
en este Arte toda precipitación proviene del diablo,
que intenta desviar a los hombres de sus buenos
propósitos. Sed firmes y obedeced a vuestro maestro,
como nosotros obedecemos al nuestro. Por haberlo
obedecido y creído, hemos adquirido provecho: de
modo parecido, si vosotros nos creéis, también
tendréis
provecho.

Bele dijo: Has aconsejado bien a los discípulos. Yo
os digo que Dios ha creado el mundo a partir de
cuatro elementos y de ellos el Sol es maestro y señor;
pero de estos cuatro elementos sólo dos los podemos
ver: la tierra y el agua. Que existe un aire que está
contenido en el agua y otro en la tierra y que el aire
es extraído de un fuego que está en la tierra y en el
aire y que la tierra tiene el agua y el fuego debajo del
aire. La tierra y el fuego son amigos, el aire y el agua
son amigos, el fuego es amigo del agua por el aire y
el aire es amigo de la tierra por el agua y el agua tiene
el aire por debajo y por encima y la tierra tiene el aire
tanto como el aire también tiene la tierra. El fuego es
sostenido por la tierra y el aire lo abre y lo contiene
en el agua y el agua lo abre por el aire y lo pone en el
aire que está contenido en la tierra, por el fuego que
también está contenido en ella. El aire abre y el fuego
cierra el agua en el aire y el aire abre el fuego en la
tierra.

Aquél que entienda mis palabras, que sea bendito,
pues jamás un hombre habló más claramente. Esas
son las palabras de nuestro maestro Pitágoras.

Azarme dijo: Cuando Dios hizo el mundo lo hizo
redondo por completo para que abarcara más. Y el
padre de todo es hijo de su tío y su tío es hijo de ese
padre. El hijo es hermano de su tío y el padre es su
hermana. El hijo es padre del tío y el tío es hijo del
padre y el padre es hijo de su tío que, a su vez, es hijo
de él. Y esto, a quien no me comprenda, le parece
increible. Su hermana es padre del hijo y el padre es
tío abuelo de su hermana que es padre del hijo. El
hijo es la madre del tío abuelo de su hermana que es
su padre y su hijo es su tío, y su hermana es su madre
y su hija. Y la hija es sobrina del padre que es hijo de
ella y aquel es padre de ella que es su hijo.

Entendednos a los dos, que hablamos bien, pues Dios
ha querido que hablásemos así por su justicia y por su
juicio.

E1 Vicario dijo: Habláis muy oscuramente y
demasiado. Pero yo os quiero declarar la materia, sin
tantos sermones oscuros. Yo os pido, hijos de la
doctrina: congelad la plata viva. De muchas cosas
haced dos, tres y tres, uno. Uno con tres es cuatro. 4,
3, 2, 1. De 4 a 3 va uno, de 3 a 4 hay uno. Por tanto 1

y 1, 3 y 4, de 3 a 1 van 2, de 2 a 3, l. De 3 a 2, 1. 1, 2
y 3 y l, 2 de 2 y 1. 1 de 1 a 2, 1. Os lo he dicho todo.

Sirus dijo: todos vosotros sois unos envidiosos.
Sabed, hijos de la doctrina, que el niño es engendrado
a partir de un hombre y de una mujer y si los dos
espermas no se juntan, no hacéis nada. Pero cuando
el esperma de la mujer llega a la puerta de la matriz y
encuentra allí el esperma del hombre se juntan: y si
uno es cálido y seco el otro es frío y húmedo. Y tan
pronto como han entrado en la matriz se han
mezclado y la Naturaleza, que gobierna por la
voluntad de Dios, cierra la puerta de la matriz. Luego
entran dentro de una piel que está en la matriz y que
es una de las cámaras de aquélla y se cierra tan
exactamente la puerta de la matriz y la celdilla de
dicha piel, donde están los espermas, que la mujer ya
no tiene más sus purgaciones y no sale nada fuera.
Por tanto, el calor natural se mantiene en todo el
entorno de la matriz, suavemente, donde digiere a los
dos espermas conjuntamente y el esperma del hombre
no hace sino transformar y madurar al de la mujer.
Luego, poco a poco, la sustancia que la mujer arroja,
aumenta el esperma, lo nutre y lo engrosa para
transformarse por obra del esperma del hombre y del
calor natural, y se cuece y se digiere y se sutiliza y se
purifica hasta que el espíritu tiene movimiento dentro
de la composición.

Durante los primeros cuarenta días hay movimiento y
durante los restantes días se alimenta de leche y
después de sangre para formar el corazón y el hígado
y los otros miembros. Para entonces, las purgaciones,
que antes eran sucias, sanguinolentas y negras de
putrefacción, se blanquean por decocción y son
transportadas, blancas, hasta los pechos, con lo cual
se alimentará después el niño, que lactará hasta
hacerse mayor. Y entonces ya se le pueden dar a
beber todo tipo de bebidas y darle a comer
de todas las viandas para que crezca y fortalezca sus
huesos, nervios, venas y sangre. Eso es mismo es lo
que sucederá, dentro de nuestra obra a quien la haya
entendido bien.

Y sabed que aunque en muchos lugares digamos:
poned esto, poned aquello, siempre nos referimos a
una sola cosa que se ha de poner en el vaso tan sólo
una vez y dejarlo cerrado hasta el final aunque
digamos: abrid y poned. Todo esto lo hacemos a fin
de despistar a muchos. Pero los sabios, aquellos que
entienden bien nuestras palabras, conocen bien cual
es nuestra intención y cómo ha de ser gobernada la
naturaleza. Nosotros no hacemos otra cosa más que
administrar a la naturaleza la materia con la que
pueda, por sí misma, trabajar en conformidad con su
intención, como podeis ver en toda generación.

Cuando queremos hacer un árbol, lo que hacemos en
primer lugar es sembrarlo a partir de su perfecta
semilla, que es la que proviene de él, ya que toda
semilla produce un fruto semejante a aquello de lo
que ella ha salido y después de haberla sembrado, la

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dejamos en la tierra. Entonces allí se corrompe y
asciende un germen blanco que es alimentado por la
tierra, y esto es propiciado por la virtud activa que
está en la simiente corrupta, y tanto crece que de ella
sale un árbol parecido a aquel del que había salido.
Entonces, de ese árbol, sale otra semilla que todavía
podría ser multiplicada hasta el infinito.

De este modo nosotros no hacemos sino ayudar a la
materia pero es la naturaleza quien termina la cosa.
Del mismo modo, si una mujer va con muchos
hombres, jamás concibe y si por ventura concibe, el
niño sale muerto. Si mezcláis cosas crudas con cosas
cocidas se creará una digestión deficiente y a
nosotros no nos hace falta ninguna otra cosa sino los
dos espermas de una raíz y cocerlos, pues por sí
mismos se alterarán, siempre y cuando vosotros
ayudéis hasta el final de la manera que es convenida.

Por tanto, hacedlo así, y abandonad tantas palabras y
regímenes: mirad como actúa la naturaleza y tratad de
imitarla en su régimen; no seáis tan temerarios de
querer hacer con vuestros regímenes más de lo que
ella hace, pues si ella no lo hace tampoco vosotros lo
podréis hacer por más cosas que inventéis. Pues
nuestra piedra no puede ser hecha sino a partir de
nuestra sola materia y nuestro único régimen.
Abandonad todas esas palabras extrañas y contentáos
con la naturaleza.

Pues yo os digo que la causa de vuestro error no es
otra sino esas palabras extrañas y esos diversos
términos y regímenes y tantos pesos como se han
llegado a decir. Pero sabed que sea cual sea la manera
en que hayan hablado, la naturaleza no es más que
una sóla cosa y en esto todos están de acuerdo y
todos dicen lo mismo. Pero los locos toman nuestras
palabras al pie de la letra, sin entender el qué ni el
porqué, lo que debieran hacer es mirar si nuestras
palabras son razonables y naturales y entonces, si son
razonables y naturales, deben aceptarlas, pero si no
son razonables deberán investigar cual es nuestra
intención (oculta) y no limitarse tan sólo a las
palabras. Pero todos nosotros estamos de acuerdo, sea
lo que sea lo que digamos.

Por tanto, conciliad a uno con e1 otro y entendednos,
porque uno aclara lo que el otro oculta. Y a
cualquiera que lea nuestros libros y los entienda ya
no le es necesario ir a buscar ni a paises, ni a villas, ni
tiene que malgastar su dinero.

Basen dijo: has sido demasiado osado. Nuestro
maestro no quería que se hablase tan claramente.

Y é1 dijo: yo no quiero ser envidioso como vosotros.
Sabed, todos vosotros que buscáis este Arte, que
algunos filósofos, con objeto de ocultar esta ciencia
han dicho que conviene hacerla en momentos
determinados y observar las imágenes (celestes), pero
yo te digo que esto no es necesario: no ayuda ni

perjudica, pues la materia siempre está presta a
recibir la virtud debida.

Y más claramente lo dice nuestro maestro cuando
dice: nuestra medicina se puede hacer en todos los
lugares, en todo tiempo, a todas horas y por todas las
gentes y se la encuentra por todas partes y no se debe
hacer nada.

Quienes dicen aquellas cosas las dicen para ocultar la
ciencia. Y yo te digo que tú mismo, cuando la
conozcas, también la sellarás, por eso no ha de
sorprenderte que ellos la sellen, porque esa es la
voluntad de Dios.

Lanus dijo: sabed que nuestra obra está hecha de 3,
de 4, de 2 y de uno y el fuego es 1 y es 2 y los colores
tres y los días 7 y 3 y 4 y uno: ya me entendéis. Y
sabed que si hacéis demasiado fuego el vinagre se
evaporará y debajo de la casa encontraréis como
pequeños montículos blancos, porque el vinagre es
espiritual y se evapora; por eso yo os encomiendo
que lo gobernéis sabiamente y con un pequeño fuego,
porque un pequeño fuego siempre es la única
posibilidad de recoger el calor del azufre disuelto. De
otro modo no conseguiréis nada.

Y sabed que Dios creó una masa y siete planetas y
cuatro elementos y dos polos, donde todo se sostiene
y nueve ordenes de ángeles y dos principios: materia
y forma. Entended lo que os he dicho porque os he
revelado maravillas.

Acsubofes dijo: Unid al hombre rojo con la mujer
blanca en una casa redonda, rodeada continuamente
de un calor lento y los dejáis allí hasta que todo
quede convertido en agua, no agua vulgar sino agua
filosófica.

Entonces, si habéis gobernado bien la cosa, veréis
una negrura debajo, que es signo de una putrefacción
que durará cuarenta o cuarenta y dos días. Dejadles
allí a los dos, continuamente, hasta que ya no quede
más negrura operando al final como al principio. Y
sabed que el fin no es más que el principio y que la
muerte es la causa de la vida como el principio lo es
del fin. Ved el negro, ved el blanco, ved el rojo, eso
es todo; después de la muerte gloriosa y perfecta esta
muerte es vida eterna.

La Turba dijo: Sabed que habéis oído verdades.
Tomadlas allí donde estén y escogedlas como se
escogen las buenas hierbas entre las malas. Y sabed
que nuestra obra ha de ser cocida siete veces y que a
cada una de las siete es necesario darle un color hasta
la perfección. Y cuando es perfecta, constituye una
tintura viva, más excelente de lo que pueda
concebirse en cabeza humana y no se debe a nada
más que a la materia y al régimen.

Y si se supiera el verdadero régimen y si fuera
comunicado a los locos estos dirían que tal cosa no es

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