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Tags Sexual Intercourse Liberty Toleration
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Summerhill
Hablando sobre

A. S. Neill

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Texto sacado de la Universidad Abierta

Versión actual: Alazne González para el blog sobre educación

http://pedalogica.blogspot.com
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Aquí deberíamos distinguir entre figuras nacionales e internacionales. Los

grandes descubridores o inventores en ciencia, psicología o medicina, son, en general,

mucho más importantes que las figuras nacionales. El nombre de Freud, por ejemplo,

tendrá un recuerdo más duradero que los nombres de Lloyd George o de Wilson.

Resumiendo. Ni soy líder, ni quiero serlo. Además, ni la alabanza, ni un título, ni

seguidores, constituyen mi recompensa, sino la pura y simple alegría de haber hecho

un trabajo con todo mi entusiasmo y energía. Cualquier otra persona puede, en mi caso,

realizar el mismo trabajo, desechando toda pretensión de convertirse en autoridad. Tal

vez yo tenga un mérito...: que me puedo reír de mí mismo, cosa que Hitler o Stalin dudo

que pudieran haber hecho.

Creo que la mejor definición de un tipo pesimista es: aquel que convive con un

optimista. En cuanto a mí, confieso que respecto al futuro inmediato no soy optimista.

Nuestras vidas están en las manos de personas sobre las cuales no tenemos ningún

control. Cuba hubiera podido ser el inicio de una tercera guerra mundial si Kruschef no

hubiera tenido inteligencia y valor suficientes para retroceder. Soy pesimista porque

los políticos no siempre son personas capaces; también me siento pesimista respecto a

la cantidad de odio que hay en el mundo: odio racial, odio nacionalista, odio religioso,

y, en fin, que ante la realidad de un mundo bastante enfermo, dudo que haya alguien

optimista. Desde luego la edad tiene mucho que ver con el pesimismo. G. H. Well en

su libro “Mind at the End of its Tether”, pierde las esperanzas en el futuro del hombre.

Los ancianos se han acostumbrado a volver la vista atrás con tristeza y, así, añorar

los sueños de sus juventudes, los cuales, en su mayoría, se han quedado sin realizarse.

Sin embargo, con respecto a los niños, soy optimista. Jamás pierdo las esperanzas

en el niño, a pesar de que no se produzca en él ningún progreso aparente. Lo que me

desespera es que no se dé a los niños oportunidades de vivir; que su amor a h vida sea

ahogado por el mundo del adulto; mundo que constriñe, que castra a la juventud. Cierto

también que la libertad se va amplificando, pero ¡qué despacio! La triste verdad es que

el pensamiento y la técnica del hombre han sobrepasado las emociones reprimidas del

mismo. Este es el verdadero peligro de la bomba H, pues las guerras no son motivadas

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