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TitleLas Musas - W. F. Otto
TagsGreek Mythology Mythology Plato Muse
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Como genumas divinidades, las Musas llenan la totalidad
del ser de su elegido, alumbrándolo con laclaridad de su espí-
ritu y dotAndolo con todas las excelencias que necesitíL Así
Solón puede suplicar, en su conocida "Elegía a las Musas",
que "escuchen-su oración puesto que ellas podrían darle el
bienestar de los bienaventurados dioses y de todos los hom-
bres de siempre noble fama".

Entonces a ella "todo saber" (llíada II 485; Pínd., Peán
VI 54 y sigs.) no sólo puede escuchara el poeta, sino tam-
bién el héroe y confiarse a su guí& De ese modo existe Ca-
líope -- como dice Hesíodo (Teog., 80 ss)-- "Es ella, en efec-
to, quien justamente acompaña a los reyes venerados. Aque-
llos que honran a las hijas del gran Zeus, aquellos de entre los
reyes alimentados por Zeus sobre quienes se detiene su mira-
da el día en que vienen al mundo, humedeciéndoles la lengua
con dulce rocío, a la que acuden desde su boca amorosas pw
labras y toda la nación mira cómo él dice justamente lo ver-
dadero.., y como a un dios aquéllas honran en la asam-
blea".

Como en la época augu~ el espíñtu volvió a elevarse a
la altura de los antiguos poesía y pensamiento griegos, y el
poeta pudo tomar para sí como reivindicación el venerable
nombre de profeta; ahí Hor~io, en la más hermosa de sus
odas romanas (Carm. IIl 4), llamó a la Musa desde el cielo pa-
ra cantar un extenso poema y como él experimentó su he
chizante proximidad, vio cómo las Musas. lo protegieron co-
mo a un niño y más tarde lo salvaron en el peligroso camino
de la vida y se sintió dispuesto a enfrentar alegremente toda
tempestad y toda molestia, sólo cuando ellas estaban a su la-
do. También conoce (V 37 ss.) que las Musas dan "suave con-

sejo" al gran César, cuando él piensa en las necesidades de ter-
minar los años de guerra; entonces lo refrescan en la "gruta
piéñca". El arte del nombre soberano es también eso, que él
es amigo de la Musa y escucha su significativa y apremiante
músicL Psi, ya en la primitiva época romana ha acogido al rey
Numa de Egeria y al consejo Carneo.

Como el canto brota del reino de Apolo y de las Musas
no con abundante sentimiento, sino que él es escogido men-
sajero de la deidad, de ese modo es instruido en todas las am-
biciones por benevolencia de las Musas. Si, ast puede Sócra-
tes decir que la filosofía es el art~ más elevado de las Musas
(Piar, Fedro, 61 A megíste mousiké). Empédocles comienza
su poema Sobre la naturaleza con un ruego a las Musas en el
que él, bajo solemnes invocaciones, dice" "A ti, muy honrada
joven Musa de blancos brazos, te ruego que se permita a los
mortales escuchar tanto como puedan o ir, dirige desde la
mansión de la piedad hasta aquí tu carro de livianas tiendas"
(frag. 3); precisamente tal como menciona Píndaro en sus
"Himnos de victoria". "El carro de las Musas, al que está per-
mitido que el poeta ascienda" (Ol. IX 80;Pit. X 65; Ist. VIII
68). De igual modo, en el comienzo de las Purificaciones de
Empédocles (frag~ 131), Calíope, de la que Hesíodo dice que
es la más importante de todas las Musas y que está al lado de
los reyes según el Sócrates platónico (Fedro, 259 D) está al
mismo nivel que Urania en cuanto a poder como protectora
de los que viven en la filosofía y alaban la "música" (mou-
siké) de estas divinkiades. Pitágoras, "retoño de las Musas
heliconíades" (Ant. Pal., XIV 1), debe haber "dado a los ciu-
dadanos de Crotona el consejo ante todas las" cosas, de elevar
un altar a las Musas con el cual quedase consagrada su armo-
nía (Jambl., Vit. Pyth. 45). El mismo se encuentra próximo
a Dikaiarch (Dióg. Laerc. VIII 1, 21), junto al pasaje pitagó,
rico, en el altar de las Musas de Metaponto, a donde él se re-
tirb a morir. En la Academia fundada por Platbn, los discf-
pulos del filósofo estaban reunidos alrededor de un altar de
las Musas (mouseion) que el mismo Platón habta donado. Pa-
ra los griegos no había de ningún modo otro tipo de herman-
dad como no fuera a través del culto. En ese altar, Espeusipo,
el sobrino y sucesor de Platón, bendijo las imágenes de las
Gracias (Diog. ~rc., IV 1), el persa Mitridates lo adornó

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